miércoles, 12 de junio de 2013

Lo que fue, lo que es. Lo que fuimos, lo que...

Quiero un poco de tranquilidad mental. Quiero evasión mental. Me duelen las muelas. Tengo una muela sensible y se esconde cada vez que bebo agua fría. Con sed duele más.
Hoy es la primera vez que escribo después de la Inundación. La primera vez. De la Inundación.
Un bautismo de agua de lluvia. Espontáneo, momentáneo, instantáneo. Mágica bienvenida a la tierra de mis placeres. Y que los displaceres desaparezcan.
Todo venía tan bien, y de pronto la tierra se dejó seducir por el cielo. El cielo la besó durante toda una noche sin cesar. La tierra abrió sus piernas y se brindó sin pausa, hasta la última gota. Dejó a su hijo mojado. El niño de color negro se movía entre sus piernas. Patas.
Desde aquella noche pasaron otras sesenta y tres, pero parecen haber sido cientos más. El niño no para de llorar y yo insisto… Quiero un poco de tranquilidad mental, quiero evasión mental.
No sé quién no sé cuándo me dijo que llegada cierta edad, nuestra madurez nos impide disfrutar del sabor de las cerezas. Quizás a veces las cerezas son malas, y una no tiene la culpa. Yo intento disfrutar de cada cereza para demostrarle al mundo que puedo crecer y continuar siendo feliz.
Además, eso supone que todos los niños viven contentos, y de todos los que pude conseguir, ningún recuerdo de mi infancia tiene el sabor de un buen momento.
Hoy están todos los papeles sobre el escritorio, y cuando vuelvo a leer me doy cuenta de que el tiempo pasa y algunas cosas cambian. Otras permanecen igual, como el dolor de muelas, y a veces el barro negro. De las que aprendo a cuidarme son de las que parecen cambiar y en realidad sólo se han limpiado las orejas para tomar el té.
Las cosas cambian. De igual forma, cambian. Y yo también tomo el té, y como cerezas.

Quiero un poco de tranquilidad mental. Quiero evasión mental. Sólo quiero esperar el atardecer para tomar té y comer pastel de cerezas.  

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