lunes, 24 de junio de 2013

"La niña es horriblemente buena"

Estoy en una habitación de paredes oscuras, no sé si son de madera. Las ventanas dan a la calle y, aunque están abiertas para dejar paso al viento, dos cortinas, una verde opaco y otra rojo profundo, me separan de la realidad alterna.
¿Estás ahí? Sí, y me mirás. Me estás mirando. Me estás lastimando con la mirada. Puntiaguda, punzante. ¿Qué te hace tan precioso? Pero más me pregunto qué te hace tan preciado.













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Hace ya tres días que la Luna comenzó a vaciarse. Gotea, se escurre poco a poco, espesa. Madre de este crío. Hermana de otra madre. Siempre se va por completo, queda quieta, queda muerta, con la cara contra la pared de este Universo. Y después comienza a mirarnos otra vez, desde el lado oscuro, girando y mostrando su cara de plata, intacta, polvorienta. Noche a noche; hasta que abre los ojos blancos. Abiertos, mirando, luz de pálido manantial.


Agua Universal, límpiame. Hoy hace tres días que agoniza con alegría, abre la boca de dientes negros.


Yo también. Y vos me negás ese beso de Luna Llena. Esperemos a que crezca, entonces. 




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Daría mis ojos por verte desnudo, y que eso fuese lo último que viesen. Sobre la hierba quebrada, sobre destellos blancos y brumas moradas. Me gusta cómo te sienta el traje de Príncipe, pero yo quiero tu cuello desprovisto de todo, sólo para que lo vista mi boca.

Una coneja blanca y sucia baja por tus hombros. Es mi conciencia, tal vez, que anida en tu jaula, que repta por tu espalda…
Y me mira más que vos.
Me mira en tu nombre,
me toca en tu nombre,
me hace el amor.
La coneja,
más que vos.

¿Quién te dio esa capa azul? Es el manto de tu espejo reflejando el Firmamento. El cielo nocturno que sin querer hice para mí. Yo sola. Y ahora me veo en tu capa azul.
Me alcanza,
me atrapa
y me desnuda sobre sí misma,
me acosa,
me dice cosas.
Me dice que sí, me dice que no…
Pero yo sé que sí.
Quiere violarme y yo quiero que me viole.
Gruesa, oscura, suave.
Me baña con el brillo de las estrellas, libélulas que se casan con luciérnagas y tienen hijos sobre mi pecho, sobre mis labios. Y tus labios.
No mates las cosquillas, que tanto mérito te pertenece.


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