Me pregunto cuál es mi desgracia.
Me resisto a
sentir tanto odio.
Me recuesto para respirar, aunque en realidad creo que
recostarme es un síntoma de mi mente ya asfixiada.
Cuando una está asfixiada es difícil comenzar a respirar.
El corazón tarda unos segundos en morir.
El cerebro queda sin oxígeno, y la sangre se enfría.
Eso es el odio. Me resisto.
Me resisto a morir, o muero.
No odio, o puedo odiar.
Si odio muero, y si muero ya no puedo respirar.
Quizás resucite, pero es algo que debo hacer por mí
misma.
Escucho palabras tristes.
Mi vida pende sobre la telaraña de juicio de un insecto
de dos cabezas, aunque una de esas cabezas es mucho más grande. Patriarcado y
otras biblias de mandatos.
Se cuestionan mis días, mis noches, se confisca el combustible
de mi corazón.
Se encierran mis pasiones, se condenan mis pensamientos,
y mis sentimientos son el blanco de todas las burlas.
Estoy siendo incinerada.
Todo lo que soy es una alternativa. Soy una víctima
eterna. Soy una condenada.
Lo que mis manos dibujan en el aire se torna la excusa de
mi exilio.
El motivo de sus vergüenzas son mis palabras.
Lo que mi cuerpo expresa es el más grande desacierto.
Sólo acieto decepciones.
Pero no.
No crean que no voy a poder.
Ya no sigo más los consejos con los que disfrazas tus
órdenes.
Ya no escucho sus acusaciones.
Voy a rajar en cada costura la camisa de fuerza que me
han atado sus ataduras… Me interesa estar libre, yo sola, loca como parece que
estoy.
Estoy. O me vuelven. O parezco, parecí y pareceré por
siempre ante ojos como los suyos.
Ya no escucho las penas que significan mis alegrías.
Ya no permito que se ponga en segundo lugar, o en el
fondo del mortero, todas las cosas que me conforman y que se intentan convertir
en polvo.
Soy muy dura, pero no de roer.
Soy fácil de conocer, si lo intentas.
El problema no es que hice siempre lo que quise, el
problema es que nunca pude hacerlo.
Pero a partir de ahora no hay monto de pesos argentinos,
ajuste por dollar blue, lingotes de oro o cualquier otro fangote que me haga
cambiar.
No existen morales viejas o dogmas familiares.
Al mormón que toca mi puerta para leer sus consejos en mi
nariz, con educación le cierro la puerta en la suya.
No hay odio, hay respeto de mi parte.
Y cuando una respeta, se hace respetar.
No necesito ese tipo de amor. Voy a limitarlos a darme
otro menos impositivo.
Nada de regímenes arancelarios, draconianos, severos,
amargos.
No quiero tanto afecto absorbente. Soy impermeable a sus
negaciones.
Mientras no haya diálogo, será mejor que guarden sus
manos en los bolsillos hasta que ya no tengamos que discutir sobre las formas.
Ocupen esa energía desperdiciada en proteger el cariño
que todavía les guardo, y no desgasten sus mentes creyendo en falsas
estampitas. Hay que romper, y aguantarse el polvillo. Hay que soltar. Hay que
dejar ser, y dejar de desear que se sea como uno desea.
Yo soy lo que deseo ser, y si no deseas eso, no desees
nada.
Me acuesto a respirar, me resisto a sentir tanto odio.
Respiro valor.
Esto no es un escape, esto es mi nuevo camino.
Estoy preparada para volar.
Estoy preparada para afrontar mis desgracias.
Estoy preparada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario