Enciendo la luz de la cocina y la veo. Ahí, delante de
mis ojos. La espanté. Al encender la luz, la espanté. Pero no se da muy por
aludida, la señorita. Sigue caminando y se posa en el lugar más alto.
¿Qué?... ¿Qué?
¡!
¡¿Qué vas a hacer?! Me vas a saltar en la cabeza, eso vas
a hacer. No. No, ¿eh? Ni lo pienses.
¡!
Sos fea!! Sos muy fea!! Sos espantosa!! ¿Por qué no te
vas? Andate. ¿Qué hacés acá?
Me mira desde allá arriba. Se hace mirar. Se exhibe, ella
–señorita–, regodeándose en la cima de una caja de arroz, sobre la heladera.
Desde allá arriba.
Se mueve, se relame. Se mira a ella misma. Se soba, se
mimosea. Se estira, se despereza. Elonga, de verdad elonga. Hace gimnasia, lo juro. La estoy
viendo… De a una pata por vez. Se ayuda con las manos. Se mira otra vez.
Se mira la concha. ¿Se mira la concha?
¡!
Se ríe!! Se ríe, la hija de re mil putas!! La hermana de
mil putas!! Y ahora vas a dar a luz otras mil putas más, sobre mi heladera,
dentro de la caja de arroz, dentro de la heladera, debajo,
detrás, dentro… Dentro del motor, miles de putas más, para que yo no las vea y
salgan por las noches, cuando apague la luz.
¿No es cierto?
¡!
¡¿No es cierto?!
Pero te pesqué… Aunque te hagas la linda. Aunque vos te
hagas la linda y te pasees, haciendo de cuenta que no le temés a la claridad,
yo te pesqué. Aunque esté paralizada por el miedo de verte. Te pesqué. Te vi,
ahí.
¡!
Hubiera deseado no verte. Mirá lo que sos. Miren lo que
es. ¿Por qué… por qué yo…? ¿Por qué vos a mi…?
¡!------------¡!
Hace ruido, se mueve, se va.
Se va, desaparece… entre la ciudad de cajas y paquetes de
galletitas. Como una ciudad, sobre la heladera. Para ella, su madre, sus
hermanas, sus hijas y sus futuras nietas.
¡! ¿Vas a parir?... ¿O te estás muriendo? ¿Qué te pasa?
…?
¿Qué te pasa? Contame, charlemos…
…
¿…
¡!-----¡!-----¡!
¿Por qué… por qué yo… por qué vos a mi…? ¡No, no, no!
Salí, fea, sos fea, muy fea, sos muy fea, espantosa. Me das escalofríos. Andate
de mi casa.
¡Andate de mi casa!
Yo no sé porque me paralizo de miedo al verte, y no sé
por qué vos –a mi- me generás eso. A mí me generás.
Cómo puede ser que no puedas tener hijos y disfrutar de
un buen tiempo –tiempo de calidad– con la familia, entre cajas y paquetes de
galletitas. De arroz, bizcochitos de grasa, caritas sucias.
Cómo puede ser que me causes tanto.
No podemos estar así. Yo no puedo temerte tanto y
volverme de mármol cada vez que te vea; pensando en la oportunidad más certera
de accionar con presteza y quitarte la vida en un movimiento. Buscando algo
largo para llevar a cabo tu muerte, algo que me aleje de ello lo más que se
pueda.
No podemos estar así. No puedo vivir buscando un palo a
la mano.
No podemos estar así, no podemos vivir juntas. No quiero
verte. No soporto oírte y saber que estas aquí. No resisto sentir tu presencia.
¡!
-------
¿?
No sé a dónde te has metido ahora… Sólo espero que no
camines hacia mí. O saltes en mi cabeza.
Mantente alejada. Y ni se te ocurra aparecerte en mi
camino hacia el baño.
Voy a pasar.
Fea, muy fea.
¡Fea!
No vuelvas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario